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CRISTO contra JESÚS
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INTRODUCCION
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¿Cuántas distorsiones, agregados, invenciones, cambios y mutilaciones sufren los textos sobre los personajes históricos con el transcurso del tiempo? A juzgar por los estudios de muchos eruditos, desde antes de Erasmo de Rótterdam (1) hasta nuestros días, Jesús no ha escapado a este proceso y con el paso del tiempo ha peligrado perder lo “esencial”, aquello que lo hizo único y destacado.
Como habría afirmado Tácito (2): “La historia es sometida a toda clase de tergiversaciones, no solo por quienes entonces vivían, sino también en tiempos posteriores. Mientras unos tienen por hechos ciertos los rumores más precarios, otros convierten los hechos en falsedades. Y unos y otros son exagerados por la posteridad”
En los últimos siglos, la concepción del mundo ha evolucionado muy rápido, en cada uno de los campos específicos del saber. Hoy disponemos de conocimientos y múltiples disciplinas y métodos de investigación, como la geología, la antropología, la arqueología, la cosmología, el advenimiento de la técnica del carbono 14 y tantas otras. Estas y otras nos han permitido darnos cuenta de las innumerables concepciones erróneas que hace algún tiempo atrás fueron consideradas certeras. Por otro lado, es tanta la información disponible que se hace cada vez más necesario la sub especialización que nos permita conocer, más a fondo, un determinado tema de interés. Es preciso detenerse, reflexionar y resumir la abundante literatura publicada, para asimilar y comprender mejor ciertos períodos de la historia y algunos personajes específicos, como es el caso de Jesús de Nazaret.
Los creyentes en un dios y en Jesús como un ser divino, es decir, cristo; se sienten atacados y a menudo ofendidos, por el simple hecho de practicar “el sano ejercicio de dudar”, como decía Einsten (3), y de reflexionar libremente, sobre estos temas desde una perspectiva histórica, intelectual o racional.
Lejos del ánimo del autor está el deseo de ofender o atacar las creencias religiosas de otras personas. Por el contrario, por haber sido un ferviente creyente, tengo conciencia de lo limitado de los conocimientos y argumentos del creyente común y corriente.
Es muy frecuente verlos como utilizan los dogmas y la excusa de “la fe” como los principales escudos de defensa y, desde esa precaria trinchera, intentan descalificar cualquier afirmación, sugerencia o hipótesis, que tienda a replantearse y/o a cuestionar supuestas “verdades” que no resisten, a veces, el más mínimo análisis serio. Como dijo un arzobispo católico chileno, que hoy vive escondido en Alemania: “Aún católicos de fila, no la conocen (la biblia) y si la han comprado, ha sido para enriquecer la variedad de su biblioteca” (4).
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METODOLOGÍA
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Este ensayo empezó a gestarse a mediados de los años ’90 y el método utilizado fue la lectura, el análisis y la selección de frases, textos y párrafos de algunos estudiosos y expertos en el tema, para luego proceder a resumirlos y relacionarlos entre ellos, resaltando las ideas principales, siempre y cuando cumplieran con el requisito de ser originales.
Se hizo especial énfasis en ciertos enfoques de tipo histórico y costumbres de la época a partir de los cuales se proponen algunas hipótesis. También se relacionan algunos textos de unos evangelios con otros textos de escritores de la época o posteriores a ella.
Se estudió, también, y de un modo comparativo, dos o más evangelios y dos o más versículos, del mismo autor o de diferentes autores, buscando las similitudes y las discrepancias y similitudes.
OBJETIVOS
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El objetivo principal es conocer más al Jesús histórico y aprender de él. Los motivos secundarios son varios, entre ellos, estudiar la historia cultural previa y contemporánea a su figura; así como la influencia que en él tuvieron otros pensadores, “profetas” y personajes anteriores a su época. También se estudió y se analizaron las claves del éxito de sus seguidores y, finalmente, se investigó acerca de si el mensaje que nos ha llegado hasta nuestros días, correspondería a lo que él dijo o fue adulterado, tergiversado o inventado, con el transcurso del tiempo y el porqué habría ocurrido estos hechos.
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EL ESCEPTICISMO CIENTÍFICO
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El escéptico científico se caracteriza por no aceptar cierto tipo de afirmaciones sin someterlas a un análisis y a una investigación sistemática y/o científica. El escepticismo científico es una herramienta, posición o forma de ser de una persona, grupo o corriente, que duda y busca la forma de entender y aceptar ciertos hechos o relatos. Para que estos sean aceptados, se requiere que ellos sean falsables, es decir, que se puedan contrastar para su aceptación o refutación.
En consecuencia y en primer lugar, es necesario tener una mente abierta para tomar en cuenta los informes de los especialistas, ya sean arqueólogos, antropólogos, geólogos, astrónomos y otros, así como también de teólogos u otros dedicados a temas histórico-religiosos, como, por ejemplo, la congregación católica italiana (13) que ha afirmado que, alrededor del
Algunos de los temas cuestionados por la corriente escéptica son las llamadas “pseudociencias”, tales como la homeopatía, la plausabilidad (fantasmas, ángeles y dioses), la telequinesis, la telepatía o temas como el creacionismo (en oposición a la evolución), la radiestesia y otras ideas, afirmaciones o creencias cuya veracidad se ve, en primera instancia, como algo posible, aunque poco probable en términos científicos. Algunos ejemplos son: Levitar y revivir a un muerto.
La carga de la prueba, en estas materias, no debe recaer sobre los escépticos ya que ellos han presentado objeciones fundadas, sino en los que no han sabido dar las respuestas a las numerosas interrogantes y dudas.
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CIENCIA Y RELIGIÓN
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En la actualidad, es difícil comparar la ciencia y la religión en igualdad de condiciones ya que estas se encuentran en distintos planos y mientras la ciencia es una herramienta que posee toda la libertad necesaria para cuestionarse un infinito de materias, las religiones constituyen, en esencia, una visión estática, inmutable y dogmática del universo y del hombre y estimulan una creencia ciega y sin cuestionamientos.
Sin embargo, en otros tiempos estuvieron estrechamente relacionadas y muchos hombres de ciencia como Copérnico (14), Galileo (15), Kepler (16), Bruno (17), Leonardo (18), Newton (19), Darwin (20) y tantos otros, vivieron una época en que la religión transgredía los límites de sus atribuciones y debieron enfrentar, en mayor o menor medida, la intolerancia, la persecución, el arresto domiciliario y la muerte.
La ciencia no es perfecta y a veces se utiliza mal. Es solo una herramienta, pero es la mejor herramienta que tenemos; se corrige a si misma, está siempre evolucionando y se puede aplicar a todo.
La ciencia nos ha llevado a valorar las observaciones y a respetar los hechos, aunque, a veces, estos contradigan supuestas verdades.
La ciencia estimula la investigación y el conocimiento, desde un diminuto átomo hasta el universo infinito y desde las huellas humanas petrificadas en las cenizas volcánicas del este de África, hasta los primeros pasos del hombre, más allá de nuestro planeta.
La ciencia no tiene problemas para reconocer los errores, al contrario estos son muy útiles para rectifica su camino en la búsqueda de la verdad.
La ciencia siempre acoge cualquier idea, teoría o hipótesis a priori; las estudia, las analiza, las valida, las rechaza o las deja en status quo, para retomarlas más adelante, con más antecedentes; pero nunca las rechaza ni persigue a sus creadores.
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¿CÓMO CONOCER A JESÚS?
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Lo que se conoce hoy día de él, aparte de los numerosos textos que se han escrito sobre su figura, proviene esencialmente de los evangelios (Q, canónicos y apócrifos). Todos ellos habrían sido escritos, entre los años 70 y 110, después de su muerte. Sus autores no habrían sido apóstoles, u otros “testigos oculares” sino que habrían pertenecido a comunidades de seguidores del profeta de una época posterior, que recibieron información de otros, que pudieron haber sido testigos “oculares” o seguidores de aquellos que lo fueron.
Las primeras palabras del evangelio de Lucas (1,1) son muy clarificadoras al respecto, cuando dice: “Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos” (Biblia de Jerusalén, Santa Biblia. Soc. bíblicas unidas, 1993, pág. 935).
La frase de Lucas: “Muchos han tratado de poner en orden la historia...” demuestra claramente que en la época posterior a la muerte de Jesús hubo muchos seguidores que trataron de ordenar los relatos acerca de él. Ello implica, al mismo, tiempo que existía una gran diversidad, con varios puntos de vista o interpretaciones de sus palabras y hechos. Esta es una razón de vital importancia para dudar de la veracidad de algunos hechos relatados en el nuevo testamento y al mismo tiempo, a poner mayor atención al leerlos, a estudiarlos y a leer entre líneas. La falta de veracidad de algunos textos queda de manifiesto, cuando Lucas agrega en 1,1: “Para que conozcan la verdad”. O sea, Lucas afirma que él tiene la verdad y por lo tanto, los otros textos contendrían hechos falsos o distorsionados. Es importante recordar que Lucas fue posterior a Marcos y Mateo. A él se le atribuyen, también, “Los hechos de los apóstoles” probablemente escritos entre los años 100 y 110 después del nacimiento de Jesús o sea
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¿QUIÉNES ESCRIBIERON LOS EVANGELIOS?
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Existe la creencia muy difundida, así como probablemente errada, de que los evangelios habrían sido escritos por algunos de los apóstoles de Jesús. En los tres trozos de papiro.. ?
Se afirma que los testigos oculares de Jesús, vivieron aproximadamente hasta fines de los años 60, (ver Video). De tal modo que ellos pudieron haber relatado algunos hechos, los cuales fueron escritos en una época posterior. La suposición de ello se basa en la descripción de hechos, como la destrucción del templo, que ocurrieron después de la muerte de los testigos oculares, por lo que difícilmente ellos podrían haber relatado.
Según algunos estudiosos del nuevo testamento, los evangelios son anónimos y se estima que estos fueron escritos entre los años 70 y 110 de la era cristiana, aproximadamente, y que habrían sido alrededor de 50. Por lo menos éste es el número de evangelios que habrían estado presentes en Nicea en el año 325 DC. De éstos, quedan testimonios de una docena de ellos. Los evangelios, tanto apócrifos, como canónicos, habrían estado constituidos, en un principio, por relatos verbales, manuscritos y textos, todos ellos anónimos.
Aunque no hay consenso acerca de cuáles fueron los primeros textos escritos después de la muerte de Jesús; (las cartas de Pablo a o ¿la carta de Santiago a ?), se cree que las “cartas de Pablo” constituyen uno de los primeros textos anónimos sobre Jesús (30-40 años antes que se escribiera el primer evangelio (Marcos). En ellas queda claro que no las escribía él (Pablo), sino un escriba, el cual también manda saludos (ver Carta de Pablo a……)
Las “Cartas” de Pablo se habrían escrito entre los años 50 y 60 dc. y estaban dirigidas a las distintas comunidades de seguidores de Jesús, que se habían formado en Transjordania, las costas alrededor del mediterráneo y Asia menor. Su número, según Josefo ( ), debe haber aumentado bastante después de la huida y dispersión de muchos habitantes de Palestina, a causa de la sangrienta guerra romano-judía, entre los años 66 y 73 d.c; año en que cae el último reducto judío en Massada (suicidio colectivo).
En cuanto a la carta de Santiago, quien, según se cree, correspondería a uno de los hermanos de Jesús, solo se sabe que, justamente, por esta razón fue muerto en Jerusalén. A él se le atribuye el “evangelio de Santiago”.
Luego entre los 70 y 120, se habrían escrito los 4 evangelios llamados canónicos o sinópticos. A pesar de la censura realizada en Nicea, se cree que en estos cuatro evangelios vive gran parte del resto de los otros evangelios anteriores. Otras iglesias, no solo reconocen a estos como auténticos sino que, además, a otros textos de la época. Así, por ejemplo, la iglesia,,,,,,,,,,
En los cuatro evangelios canónicos aparece bastante más material que en el original (evangelio Q1). Al mismo tiempo, en los evangelios de Mateo, Lucas y Juan, contienen más material que en el de Marcos, el cual habría sido el primero. En algunos aparecen dedicatorias, genealogías, matanza de niños (sólo en Mateo), apariciones de ángeles que hablan con los humanos, milagros, etc.
Los otros evangelios (Pedro, Tomás, Nicodemo, Andrés, Bartolomé, Pablo, Santiago, Matías, Tadeo, Bernabé, Marción, Felipe, Apeles y otros); así como en otros textos gnósticos muestran la gran variedad y diferencias entre los primeros seguidores de Jesús.
Se piensa que los primeros textos, que posteriormente sirvieron de base para la redacción de todos los evangelios, habrían sido escritos en hebreo y arameo (rollos de Qumram). Con el tiempo se habrían traducido al griego y al latín por las comunidades cristianas de Alejandría y Roma, respectivamente.
En estos cuatro evangelios hay varios pasajes de origen dudoso. Por ejemplo, se piensa que algunos textos, como en los últimos versículos de Mateo, fueron agregados muchos años después, por considerarse un poco brusco su final o porque se habría perdido el final original o ¿fue censurado?
Sobre lo que hay consenso entre los eruditos es que el primero debió ser el de Marcos y no el de Mateo.
Los autores de los textos que luego fueron conocidos como “el evangelio de Marcos” habrían escrito este primer evangelio, obteniendo su información de tradiciones orales y relatos de aquellos que fueron contemporáneos de Jesús.
Este habría sido el primer evangelio y se habría escrito en griego, al igual que los escritos de Pablo. La fecha se sitúa, aproximadamente, en el año75 d.c. Más tarde, entre los años 85 y 90, se habría escrito el de Mateo y Lucas y finalmente, alrededor de los años 95 y 100 dc, el de Juan. Ninguno de ellos habría conocido personalmente a Jesús. Aunque el evangelio de Mateo ha sido atribuido a uno de los apóstoles llamado Mateo, no existe ningún texto que confirme este hecho, ni nadie menciona a este apóstol, después de la muerte de Jesús. Además, el mismo Mateo dice en varios pasajes del texto: “Jesús dijo a sus discípulos” (Mateo ).
Llama la atención, que ninguno de los apóstoles (“testigos oculares”) haya escrito o dictado, si no sabía escribir, algún relato de su experiencia con Jesús, ya que ésta habría contenido una información más fidedigna que la de los evangelistas que si los escribieron posteriormente.
Es muy probable que, en esa época, se transmitieran las experiencias con Jesús en forma verbal, siendo recogidas por los primeros cristianos y difundidas entre ellos, del mismo modo, en forma oral.
Llama la atención también, que Shimón (Pedro) no hace ningún relato de la vida de Jesús, al estilo de los evangelios.
Con el tiempo habrían ido apareciendo muchos textos que fueron escritos, copiados y conservados en los años siguientes a la muerte de Jesús. Varios de ellos, sino todos, sirvieron de base, tanto para los evangelios apócrifos, como para los canónicos. De tal modo que, cuando el supuesto “Lucas” escribió su evangelio, tenía ante su vista varios escritos que contenían hechos reales y milagros de Jesús; los mismos que usaron Marcos y Mateo anteriormente (Introducción al evangelio de Lucas,
Se sabe que a Constantino, emperador romano de Oriente, no le parecía adecuado que existieran todas estas diferencias de opinión entre los cristianos ya que las veía como una amenaza para la unidad de su imperio, por lo que organizó y dirigió personalmente el concilio de Nicea, en la actual Suiza, en el año 325dc. Eligió a los obispos y les exigió un solo texto oficial. Para ello, les financió la primera biblia, de la cual se copiaron 50 ejemplares.
La postura de Ario “Jesús es más Hombre que divino”, pierde.
Aquí, en Nicea, nace también el “Creo en dios padre todopoderoso…etc.”
Los cuatro evangelios llamados canónicos, no representan una colección completa, ni una muestra al azar de entre los evangelios disponibles, sino que se piensa que fueron deliberadamente elegidos, tanto por su contenido y forma, como por determinadas interpretaciones teológicas. La versión oficial cuenta que, en medio de la discusión y de la duda sobre cuáles elegir, apareció una paloma por la ventana y se paseó sobre la mesa, donde estaban todos los evangelios y caminó por encima de uno, luego otro, después sobre un tercero y, después de caminar por sobre el cuarto, se fue volando por la misma ventana que entró. Esto fue interpretado como una señal divina que solo esos cuatro eran los verdaderos. Aparte de los fundamentos teológicos y de la caminata de aquella paloma misteriosa, otros argumentos que influyeron en la selección de estos cuatro evangelios fueron algunas creencias muy populares y difundidas en la época, como las 4 bestias, los 4 vientos y los 4 puntos cardinales.
Al leer cada uno de los evangelios canónicos, uno por uno y de principio a fin, queda la impresión de unidad, armonía y consistencia; pero al leerlos por parte, uno al lado del otro, en forma horizontal, se aprecian los desacuerdos entre ellos. Por esta razón, a mediados del Siglo II algunos cristianos, entre ellos Justino, Tatiano y Marción; así como también algunos paganos como Celso, proponían dos alternativas:
1) Dejar uno solo y eliminar los otros .
2) Resumirlos todos en uno solo (Justino y sus discípulos).
Al no lograrse un acuerdo, se mantuvieron los cuatro en su forma original.